El médico fue claro. Demasiado claro.
Reposo absoluto.
Nada de paseos largos, nada de sobresaltos, nada de cargar culpas que pesaran más que su propio cuerpo. Emma asintió mientras escuchaba, pero por dentro sentía que algo se le quebraba con un sonido casi imperceptible. No era solo el embarazo. Era la vida misma pidiéndole que se detuviera cuando todo en ella estaba en movimiento.
La casa volvió a cerrarse a su alrededor como un refugio y una prisión al mismo tiempo.
Las persianas filtraban u