La mañana no llegó con ruido.
No hubo sobresaltos, ni llamadas tempranas, ni decisiones urgentes reclamando atención. La luz entró despacio por las cortinas, como si incluso el día supiera que algo delicado estaba intentando sostenerse.
Emma despertó antes que Alejandro.
No por costumbre, sino por esa vigilia ligera que se instala después de una noche intensa sin haber sido ruidosa. Abrió los ojos y lo primero que hizo fue comprobar que él seguía ahí. No con ansiedad, sino con una calma expecta