La casa estaba en silencio, pero no era un silencio vacío.
Era un silencio lleno de respiraciones tranquilas, de rutinas cumplidas, de cuerpos que sabían dónde descansar. Sofía dormía en su cuarto, con un libro abierto sobre el pecho. Isabella lo hacía en la cuna, con una mano cerrada como si todavía sostuviera algo invisible.
Emma apagó la última luz del pasillo y se quedó un segundo apoyada en la pared.
Cansada.
No exhausta. No rota.
Cansada de verdad.
Alejandro apareció detrás de ella, desca