Capítulo 66

El amanecer llegó sin pedir permiso, filtrándose entre las cortinas del apartamento como una intromisión que ninguno de los dos deseaba. Emma abrió los ojos lentamente, aún envuelta en los brazos de Alejandro, con la piel marcada por la intensidad de la noche anterior. Sus cuerpos seguían entrelazados, y por un instante, se permitió creer que el mundo afuera no existía, que el peligro había desaparecido y que todo lo que quedaba era ese calor compartido, ese refugio que habían construido juntos
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