La madrugada había caído como un velo espeso sobre la ciudad. Afuera, el murmullo de los autos y el eco de algún ladrido lejano parecían ecos de un mundo distante, uno en el que la gente dormía sin saber que, en un apartamento anónimo de las afueras, varias vidas pendían de un hilo invisible.
Emma no lograba conciliar el sueño. Había pasado horas mirando el techo, con el cuerpo exhausto pero la mente enredada en pensamientos imposibles de silenciar. Se levantó al fin, caminando descalza hasta l