El mensaje de Salvatierra quedó suspendido en la cabina como humo: “El juego terminó. Los tengo localizados. Disfruten su última noche.” Nadie respiró durante varios segundos. Emma sintió cómo el frío le trepaba por la espalda y, sin embargo, apretó más la mano de Alejandro, como si con ese gesto pudiera conjurar una coraza invisible alrededor de ambos.
—Desconecten todo —dijo Alejandro al fin, grave—. Teléfonos, relojes, cualquier cosa con señal. Ya.
Mateo reaccionó primero: apagó su móvil, lo