El silencio del apartamento de Mateo y Clara parecía demasiado frágil para ser real. Afuera, la ciudad bullía con sus luces y ruidos, indiferente al peligro que se cernía sobre ellos. Adentro, cada respiración era un recordatorio de lo mucho que habían arriesgado para llegar hasta allí con vida. Emma, recostada contra la pared junto a Alejandro, sentía por primera vez desde hacía días que podía soltar el aire que llevaba atrapado en el pecho. Pero la calma era engañosa, lo sabía; detrás de esa