La ciudad se alzaba frente a ellos como una sombra llena de secretos. Desde la colina, los edificios parecían apenas siluetas recortadas contra la luna, una mezcla de humo, luces amarillas y un bullicio que nunca se extinguía. Para Emma, regresar allí después de tantos días en el castillo y en medio de la huida era como volver a entrar en la boca de un lobo: peligrosa, impredecible, pero inevitable.
El grupo avanzaba en silencio. Alejandro iba delante, con el ceño fruncido y la mandíbula apreta