El ambiente en el castillo parecía haber cambiado tras la confrontación con Isabela. Aunque la mujer seguía allí, sus pasos se volvían menos frecuentes y sus palabras más envenenadas, como si planeara en silencio su siguiente movimiento. Sin embargo, Emma había aprendido a dejar de mirarla de frente; ahora su atención estaba puesta en Daniel… y en Alejandro.
La promesa de él de mantenerla a salvo seguía latiendo en su mente como un eco constante. Era extraño. Nunca nadie la había defendido de e