Capítulo 18

Emma abrió los ojos con la sensación extraña de que el aire olía distinto. Una fragancia suave a flores recién cortadas se colaba por la rendija de la puerta. Se incorporó lentamente en la cama y, para su sorpresa, encontró un pequeño ramo de lirios blancos sobre la mesita de noche. No había nota, pero no hacía falta: solo una persona en esa casa conocía su gusto por esas flores, y era Daniel.

Sonrió con ternura y acarició los pétalos, aún húmedos por el rocío de la mañana. Dieciocho años. La c
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