El día siguiente amaneció con el sabor metálico de la incertidumbre.
Las noticias no se habían detenido: cada canal, cada medio digital, seguía repitiendo las versiones adulteradas del caso La Trinidad. Las imágenes de Emma entrando a los tribunales, su rostro sereno, su mirada firme, se viralizaron en cuestión de horas.
Al principio, muchos la llamaban “valiente”. Pero a medida que pasaban los días, otros empezaron a llamarla “fabricante de mentiras”.
Emma había aprendido a no leer comentarios