La mansión estaba más fría y solitaria que de costumbre.
Annelise no pensó regresar a ese sitio en donde había tenido una vida muy miserable al lado de su padre, un psicópata mafioso muy agresivo y despiadado.
Su hogar de siempre no era más que una maldita jaula de hielo y oro que la mantuvo cautiva gracias a la violencia psicológica.
Y lo que más les resultó extraño y satisfactorio al mismo tiempo fue darse cuenta que los pocos hombres que quedaban ahí, los observaron con temor y las manos alz