Cinco años después, Helsinki, Finlandia…
—¡Zakhar!
El pequeño de ojos grises, sonrisa amable y de cabello café dorado volteó a ver su madre que lo llamaba desde la banca del parque en donde habían decidido pasar su quinto cumpleaños.
Dejó de cortar algunas flores silvestres que habían logrado sobrevivir al frío que hacía todo el resto del año y a pasos firmes, pero tambaleantes, se acercó a ella.
—Para ti, mamá.
Extendió su pequeña mano en donde varias flores de lupino se mecían de un lado a ot