Annelise se revolvió incómoda en el asiento e hizo una mueca de incomodidad. Al único que no podía mentirle o bien, desviar el tema, era Pavel.
Ese tonto pelirrojo que se convirtió en su aliado estando en aquel palacio de hielo en Rusia, después lo consideró su amigo y ahora era como su hermano.
Sus ojos oscuros parecían querer lanzar fuego para obligarla a hablar.
—¿Qué te hace pensar que yo haría algo así? —fue la respuesta de ella.
—No te pregunté si serías capaz, te pregunté claramente si p