—Los mejores quince minutos de mi vida—. Le oyó decir a Aleksei con voz suave y melosa junto a ella. Ambos estaban sudorosos sobre la cama y únicamente la toalla de él los cubría.
Habrían tardado más en el juego previo de seducción como solían hacer, pero estaban contrarreloj, tanto por el curso de alemán de Zakhar como por la cita en el departamento de su hermana.
—Ahora me tendré que duchar también—. Repuso ella, riéndose.
—Compartamos la ducha—, le propuso él, arqueando una ceja.
—No queda d