—¡¿Acaso te has vuelto loco?! ¿Qué clase de psicópata eres, padre? —le espetó, deseando poder golpearlo, pero sus guaruras lo tenían anclado al suelo y apresado de los brazos y pecho.
—Si quieres quedarte a ver los vídeos conmigo, no tengo problema con ello, pero si te sientes inseguro, puedes largarte a continuar con lo que interrumpí—repuso Mikhail, sonriendo nuevamente como un depravado, mirando la TV—ya que, después de todo, yo seré el espectador en tiempo real y espero que te luzcas.
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