Aleksei besó el hombro de Annelise, aun temblando tras haber llegado al orgasmo y se sentían estremecidos el uno al otro.
Había pasado algún tiempo deseándolo, pero Annelise no quería que él supiera que a pesar de que con anterioridad la había tomado por la fuerza tras enterarse de su verdadera identidad, ella no lo odiaba y tampoco lo justificaba, y se detestaba a sí misma por no haber resistido un poco más en caer en aquella tentación que involucraba a ese joven ruso de ojos grises, cabello o