Annelise se humedeció los labios y se levantó de la cama en silencio sin dejar de mirarlo. Volker frunció el ceño y también se puso de pie sin comprender.
Ella suspiró y dejó que la toalla cayera al suelo para después acercarse a él y agarrarlo de los hombros y empujándolo a sentarse ahora en la cama.
Volker no comprendía bien lo que ella pretendía, pero obedeció.
Annelise se colocó entre sus piernas y tomó su acunó su rostro entre sus manos, ambos mirándose a los ojos.
Iba a echar de menos eso