Los días en Santorini transcurrieron de la mejor manera.
Poco a poco, fue cediendo a la relajación y a las ganas reales de disfrutar su estancia ahí sin ninguna preocupación, pero había algo que la estaba atormentado y eran las náuseas que persistían.
—No comprendo por qué me sigo sintiendo mal—. Masculló Annelise al salir del sanitario más cercano tras haber interrumpido el hermoso paseo por todo Oia.
—¿Qué es lo que sientes realmente? —Volker la miró con preocupación, dándole palmadas suaves