A Annelise le habría gustado hacer sus maletas con calma, pero no podía aguantar un momento más en la mansión bajo el ojo crítico de su padre y además porque el vuelo hacia Santorini, Grecia lo iban a tomar en un avión comercial de primera clase y no con el jet privado.
En aquel país comprarían lo necesario, puesto que Erich les había otorgado una tarjeta de crédito sin límite como regalo de bodas, además del viaje todo pagado, con reservaciones incluidas.
Ni siquiera se despidió personalmente