Tuvo suerte de que cuando regresó al mismo sitio donde había estado con Volker, el rubio la encontró mirando el océano, sin percibir aun que en su mirada había mucha culpabilidad.
—No había el frappé de oreo que querías, pero pensé que un delicioso té helado te vendría bien—. Dijo Volker detrás de ella.
Annelise se volvió para verlo y le regaló una sonrisa nerviosa.
—Muchas gracias. No te preocupes—. Recibió la bebida y le dio un sorbo—. Es refrescante.
Entonces el rubio la observó con más dete