Había sido demasiado bueno para ser verdad.
La fémina se llevó el pañuelo a la nariz, negándose a volver a pensar en cosas positivas de esa gente porque todo era mentira.
—¡Muchas felicidades, querida nuera!
Mikhail Reznikov apareció junto a ella, dándole una suave palmada en el hombro, mientras sostenía una copa con champaña.
—Espero muy pronto me conviertas en abuelo—, dijo, sonriendo. A su lado estaban dos de sus mejores hombres bebiendo con él. Pero ella sabía que no era un simple comentario, sino más bien una orden.
—Por supuesto, señor Reznikov—se vio obligada a sonreírle.
—Ya está lista la mejor recámara nupcial para ustedes—le guiñó el ojo—. Para que comiencen a buscar a mi nieto esta misma noche.
Annelise se tensó, pero supo mantener la calma.
—Tienes unos rasgos muy hermosos—continuó diciendo Mikhail y se aventuró a agarrarla de la barbilla para observar bien su rostro—. Tus ojos son color caramelo, tu piel tan suave y con finas pecas en la nariz, el cabello de un color casi