Después de que Annelise comió con mucha rapidez a causa del hambre, tuvieron que detenerse de urgencia porque a ella le entraron ganas de vomitar y bajó de la furgoneta con el estómago revuelto y devolvió absolutamente todo lo que comió.
—Oye, Princesa del drama innecesario—, espetó Volker detrás de ella—. ¿Ahora qué te pasó?
—Seguramente no te lavaste las manos al preparar los sándwiches, asqueroso—. Le riñó ella, sintiéndose muy mareada.
—Ni siquiera los preparé yo, fueron las criadas de nue