En el pueblo próximo, donde había más casas y lugares en donde conseguir atención médica, comida y una prueba de embarazo, decidieron hacer una parada ahí, porque la nevada era densa y no habían podido comunicarse con Erich Falkenheim para que enviase el avión privado y acelerar el viaje.
—No tienes por qué bajar también, Condesa del fastidio perpetuo, nos haremos cargo nosotros.
Annelise volteó a ver a Volker y le envió una mirada de desprecio.
—Necesito estirar las piernas—repuso ella—. Y tam