Nerías
El aire de la casa es pesado, cargado de un calor demasiado íntimo, saturado del olor a infusiones olvidadas y a madera vieja. Cuando la puerta se cierra detrás de nosotros, el portazo discreto tiene la brutalidad de una sentencia, y de repente siento que no sólo estamos encerrados en estos muros, sino en una verdad que ha esperado demasiado para emerger.
La mujer, su madre, no dice nada. Sus ojos están pegados a Kael como si cada segundo que lo mira fuera un milagro que teme que se borr