Kael
No puedo contenerme más, cada fibra de mi cuerpo grita por ella, por su fuego, por ese deseo que nos consume a los dos. La levanto, la echo sobre la cama, y mis labios muerden su piel ardiente, mordiendo su hombro, aspirando su aliento. Ella gime, resiste, suplica, pero siento su cuerpo tensarse, ofrecerse a pesar de sus palabras.
— Kael... oh... Dios —gime ella, y su voz, temblorosa, me vuelve loco, cada grito una chispa que enciende mi ser.
Cambio de posición, colocándome sobre ella, sos