Luca
La lluvia golpeaba el parabrisas con una furia contenida, como si el cielo también llevara algo atascado en el pecho, algo que no podía liberar más que cayendo a pedazos sobre Roma. Y yo… yo estaba igual. Estancado. Con el alma atrapada entre lo que fui y lo que no quiero volver a ser.
Desde mi asiento en el auto, observaba la mansión Morelli. Fría, inquebrantable, rodeada de seguridad como si eso bastara para mantener a los fantasmas fuera. O para mantenerla a ella dentro.
Isabella Morell