Isabella
Me llegó en un sobre de papel grueso, sellado con cera roja. Elegante. Clásico. Mafioso hasta la médula.
Una invitación para cenar.
Firmada por Antonio D’Angelo, uno de los capos más antiguos del norte. Un zorro disfrazado de caballero. Amigo de mi padre. Enemigo de la mayoría. Y ahora, al parecer, interesado en ver qué tan bien bailo entre cuchillos.
Me reí sin humor cuando abrí el sobre. Qué cliché: la heredera huérfana, invitada a la mesa del lobo justo después del entierro del león.