Jacob se acomodó la chaqueta sobre los hombros mientras Valery sujetaba la correa de Ébano con una dulzura casi felina.
No había sol, pero por primera vez en días, el cielo no era una amenaza, solo era una sábana gris que parecía cubrirlo todo sin intención de caer.
Caminaban juntos por un sendero angosto entre abetos imponentes, raíces húmedas y hojas crujientes que hablaban bajo sus pasos con un lenguaje antiguo y olvidado.
Jacob la observó por unos segundos, mordiéndose el labio con una sonri