Desnuda, salió al bosque, el pasto húmedo acariciaba sus pies como una bienvenida ancestral, el aire olía a tierra mojada, savia fresca y luna llena.
Caminó sin rumbo fijo, guiada por un impulso más antiguo que la memoria, la luna se reflejaba sobre el lago, blanca y perfecta, como un espejo que la desnudaba desde adentro.
—¿Soy una mujer enamorada… ¿O solo un monstruo sediento que quiere su sangre? —se preguntó en voz baja, temblando.
Recordó todo lo que Jacob había hecho por ella hasta ahora,