Valery abrió los ojos mucho antes que el amanecer, como si una alerta primitiva la hubiese despertado desde lo más profundo de su ser.
La habitación permanecía sumida en una penumbra espesa, apenas acariciada por los tonos grises que se filtraban por las cortinas pesadas de la cabaña, todo estaba en un silencio reverencial, salvo por el ritmo constante y acompasado de la respiración de Jacob, que dormía a su lado con una paz que parecía sagrada.
Su pecho se elevaba y descendía lentamente, su cue