Acarició su rostro con lentitud, sintiendo el calor latente bajo la piel, luego sus labios, y finalmente su pecho, donde un latido profundo e irregular se agitaba.
Su piel ardía con una vida que hacía mucho no experimentaba, una sensación que mezclaba placer con culpa, como si estuviera acariciando el borde de un abismo vestido de seda.
Una lágrima tembló en la comisura de sus ojos, no por tristeza, sino por la intensidad de lo que se desataba dentro de ella, la lucha entre lo que era y lo que d