Adiós dudas, hola certezas.
Mientras el auto se detenía en una vía estrecha entre árboles altos, el motor quedó en silencio y el bosque retomó su respiración antigua.
Desde fuera, el vehículo se mecía apenas, como si el viento lo empujara con curiosidad.
Unos sonidos apagados risas ahogadas, un suspiro se perdían entre las hojas.
En ese vaivén íntimo, Valery cerró los ojos un segundo.
Y recordó.
Mientras lo curaba, cuando sus manos vibraban con la energía ancestral de su linaje y su alma se abría como una flor nocturna, la