La sangre que no necesitaba circular pareció congelarse al escuchar ese nombre en labios de Jacob.
Retrocedió imperceptiblemente, pero se recompuso al instante, con extrema delicadeza, extendió una mano y acarició suavemente la mejilla húmeda de Jacob, esforzándose en mantener la compostura.
—Descansa, estoy aquí contigo. Mañana buscaremos ayuda para esos sueños, te lo prometo —susurró suavemente, ocultando tras su voz dulce una desesperación profunda y silenciosa.
Jacob asintió lentamente, perm