Mundo ficciónIniciar sesiónDecir que estaba nerviosa era quedarse corta.
Podía sentir cómo mis manos temblaban ligeramente mientras esperaba fuera de la puerta, con el peso del vestido y las joyas sobre mí apretando como si fueran cadenas. Los guardias, con sus rostros inexpresivos, no ayudaban a calmarme; sus miradas fijas me hacían sentir bajo juicio, cada respiración supervisada, cada parpadeo evaluado.Era casi imposible creer que la emperatriz quisiera cenar a solas conmigo. Desde aquella pr






