Mundo ficciónIniciar sesiónLa tarde avanzó despacio, sin apuro, como si el tiempo hubiera decidido sentarse con nosotros.
El calor que quedó después de la comida era suave y cómodo, de esos que pesan en los párpados y vuelven lentos los pensamientos, pero sin resultar molesto. Afuera, el aire olía a tierra húmeda y a pasto recién pisado. Una brisa ligera recorría el jardín, moviendo las hojas del árbol grande que nos daba sombra y dejando caer destellos de sol sobre la manta.






