La mesa era un caos perfecto, de ese que solo existe cuando hay demasiadas personas felices reunidas en un mismo lugar.
Codazos amistosos, platos que iban y venían sin un destino claro, vasos a medio llenar que cambiaban de manos, risas que se pisaban unas a otras sin pedir permiso.
Nadi estaba en pleno relato de uno de sus chistes malos sobre guerreros —con poses heroicas y voces exageradas incluidas— mientras Nori se reía antes incluso d