Después de una clase de música que fue, en el mejor de los casos, un desastre absoluto, decidí refugiarme en la biblioteca.
Desde mi llegada al palacio, aquel lugar se había convertido en mi rincón favorito, aunque, siendo sincera, tampoco había explorado muchos otros sitios. Allí me sentía segura, arropada por el silencio y el olor a papel antiguo.
Las comidas diarias habían sido tranquilas, siempre acompañada por Leah y Ángel, quienes eran, sin duda, mis m