Una vez terminado el baño, me encontré sola en la habitación que había decidido ocupar esa noche. La puerta se cerró a mis espaldas con un chasquido suave, y el silencio se instaló como un velo pesado.
Me quedé de pie unos segundos, inmóvil, con la mirada fija en la cama.
Era enorme.
Demasiado grande para una sola persona, un vacío que ahora me parecía un error garrafal.
Mi molestia me había impulsado a elegir dormir