El Refugio de las Sombras
El pequeño apartamento de Leonor y Ernesto nunca se había sentido tan estrecho, pero al mismo tiempo, nunca se había sentido tan seguro. Al cerrar la puerta tras ellos, el silencio de la calle pareció amortiguar el estruendo de la tragedia que acababan de dejar atrás. Elena entró tambaleándose, sus piernas apenas capaces de sostener el peso de su cuerpo y el de su propia angustia. Se desplomó en el gastado sofá de la sala, ocultando su rostro entre las manos, mientras