Mundo ficciónIniciar sesiónVanessa nunca se imaginó que terminaría teniendo una noche de pasión salvaje con un desconocido el mismo día en que su novio, Justin, la engañaba con su mejor amiga. Quería venganza. Quería hacerlo pagar. Justin no sentía el más mínimo remordimiento; al contrario, todavía la deseaba. Pero las palabras de ella fueron contundentes: —¡Prefiero cogerme a tu padre antes que darte otra oportunidad! Consumida por la rabia y el dolor, terminó en los brazos de un extraño. Ese extraño era Sawyer. Ardiente. Irresistible. El sueño de cualquier mujer, incluso a sus cuarenta y tantos años. —Te voy a dar una cogida, Vanessa. Haré que te olvides de todo lo demás. —Hazlo, bombón... Te quiero bien adentro de mí —provocó ella. A la mañana siguiente, Vanessa se topó con ese mismo rostro en la reunión de la junta directiva, justo antes de escuchar a Justin llamar a Sawyer con entusiasmo: —¡Papá! Vanessa se quedó de piedra. ¡De verdad se había cogido a su padre! Se arrepintió de inmediato. No quería saber nada de él, así que fingió demencia e intentó mantenerse alejada. Lo que no sabía era que jamás lograría escapar de este amor prohibido. ¿Qué pasará cuando Vanessa descubra la verdadera faceta y la identidad oculta de Sawyer? ¿Le abrirá el corazón una vez más al padre del hombre que se lo destrozó? ¿Podrá este amor prohibido triunfar sobre los secretos de Sawyer, o terminará destruyendo cualquier esperanza de romance entre los dos?
Leer másLos ojos hambrientos de Vanessa recorrieron el grueso relieve de su miembro, observando cómo una perla de líquido preseminal brotaba de la hendidura y se deslizaba por la cabeza enrojecida. Antes de que él pudiera siquiera terminar su orden: «Sé una buena chica y dame una excelente dosis de placer»...Ella ya se estaba lamiendo los labios, con el coño contrayéndose de pura anticipación.—Sería un crimen negarse. Y yo no quiero ser una criminal —ronroneó, sacando la punta de la lengua para atrapar esa primera gota, saboreando su sal en sus papilas gustativas.Sus dedos rodearon la base, sintiendo el pulso bajo la piel caliente. La acarició una, dos veces, deleitándose con la forma en que la polla de él daba respingos en su mano. Luego abrió los labios, estirándolos al rededor del glande, y se lo tragó hasta el fondo.Su garganta se contrajo cuando la cabeza empujó más allá de su paladar blando. Hundió las mejillas, succionando con fuerza, mientras su lengua lamía la parte inferior del
Las palabras salieron de sus labios a medio formar, con la mirada clavada en el miembro que se erguía ante ella. La cabeza estaba teñida de un rosa oscuro, lubricada ya con una gota de líquido preseminal que colgaba de la hendidura como una perla. Las venas recorrían el tronco: gruesas, retorcidas, pulsando al ritmo de su corazón.Toda la pieza superaba con creces los veinte centímetros, tal vez veintitrés, y era tan gruesa que los dedos de ella apenas se tocaban cuando la rodeó por la base.Sawyer no dijo nada. Apoyó la mano con la palma plana sobre la coronilla de ella, enredando los dedos en su cabello. No la empujó con brusquedad; simplemente ejerció una presión constante, guiándola hacia delante.Ella abrió la boca y lo recibió.La cabeza empujó más allá de sus labios, superó su lengua, chocó contra el fondo de su gola y siguió avanzando. Ella tuvo una arcada —un sonido húmedo y ahogado—, pero él no cedió. Sus caderas presionaron hacia delante un centímetro más y ella sintió cómo
Vanessa hundió la cara en las sábanas. Sus dedos se crispaban en la tela.Él tiró de sus caderas hacia atrás. Ella se dejó llevar. Sus rodillas se abrieron sobre el colchón sin necesidad de que se lo pediría.El primer sonido que él emitió fue bajo, casi un tarareo. De aprobación o de diversión; ella no alcanzaba a distinguirlo.—Estás empapada otra vez.La mandíbula de ella se tensó. No respondió.El pulgar de él se deslizó a través de su intimidad. Despacio. De abajo hacia arriba, abriéndola, presionando lo justo para que su espalda se arqueara sin su permiso.—Mira eso —Su voz no había cambiado. Seguía plana, calmada—. Ni siquiera necesitas que te toque. Solo escuchas mi voz y tu cuerpo hace el resto.Ella mordió la sábana.—Eso es. —Su pulgar giró al rededor de su zona. Una vez. Dos veces—. Muerde algo. Cállate si quieres, no me importa. Pero vas a sentir cada maldito segundo de esto.Le empujó un grueso dedo hacia adentro. Ella se atragantó, soltando un sonido que era mitad respi
Vanessa se mordió el labio presa del pánico. Dios, acababan de darle una segunda oportunidad en la vida y ahora probablemente regresaría al Hades una vez más. Sus ojos recorrieron al hombre extremadamente guapo que tenía enfrente; calculó que debía andar por los cuarenta y pocos, pero se veía mucho más ardiente y sexy que cualquier tipo de veinte años.¡Era un maldito gigoló!Los ojos de Vanessa se agrandaron al detallar su aspecto rudo. De inmediato volvió a la realidad, tartamudeando.—Lo siento, pensé que este era mi auto y...Mientras balbuceaba con la mirada clavada en la de él, Vanessa sintió que las rodillas le temblaban y el corazón le latía con fuerza. La intensa mirada del hombre parecía atravesarla por completo.Finalmente, los ojos de Vanessa se posaron en su mejilla y puso una expresión de culpa. Había dejado que la rabia la cegara y ahora le había causado una herida a alguien.—Lo siento muchísimo, señor. Se lastimó por mi culpa...—No pasa nada... siempre y cuando no se
Último capítulo