El viaje hacia las coordenadas que mi madre había dejado ocultas en el reverso de una vieja fotografía familiar no fue un trayecto de lujo. Olvídate de los Mercedes negros y el aire acondicionado purificado. Esta vez, nos movíamos en un convoy de camionetas todoterreno Range Rover, reforzadas con planchas de acero y cristales de polímero, trepando por los senderos casi inexistentes de las Montañas de Adirondack.
El aire dentro del vehículo era espeso. Yo llevaba unos pantalones de combate refo