El eco de las voces masculinas se filtraba por el sistema de ventilación del búnker. Vicky estaba sentada en el suelo, con Tory dormida sobre sus piernas, cuando escuchó el sonido metálico de una puerta abriéndose arriba. Contuvo el aliento. Reconocería esas voces en cualquier lugar.
—Papá… —susurró, temblorosa.
Tory se movió, restregándose los ojos con sueño.
—¿Qué pasa, mami? —balbuceó.
—Nada, amor, vuelve a dormir —intentó calmarla, acariciándole el cabello, aunque su propio corazón latí