Las camionetas se detuvieron en medio de la nada, pero el paisaje los dejó boquiabiertos. Frente a ellos se alzaba lo que parecía un oasis perdido en el desierto: una fortaleza imponente, inexpugnable para cualquiera... excepto para un Falcone. Y mucho menos para un grupo de Falcones furiosos con el hombre que se había atrevido a secuestrar a una parte de su familia.
Michael bajó primero, observando el lugar con calma y dejando escapar un silbido de admiración.
—Así que por eso no la habíamos