Las camionetas avanzaban a toda velocidad por la ruta de tierra, levantando una nube de polvo que se mezclaba con la tensión que se respiraba en el aire. En la delantera, los vehículos de seguridad abrían paso, seguidos de cerca por las patrullas policiales que escoltaban la caravana. En la camioneta principal, Michael conducía con los ojos fijos en el camino, la mandíbula apretada y las manos tensas sobre el volante.
A su lado, Patrick iba revisando una y otra vez los planos y coordenadas que