La madrugada era espesa y pesada en el hospital privado donde habían internado a Dimitri Vólkov tras el atentado. Afuera, la lluvia persistía con un murmullo constante, acompañando el zumbido monótono de las máquinas dentro de la habitación.
En la sala de espera del área VIP, Konstantin no había pegado un ojo. De pie junto al gran ventanal, observaba el cielo encapotado sin verlo realmente. Llevaba horas allí, sin moverse, sin hablar. Su camisa ya arrugada y las mangas arremangadas hasta los co