La mañana llegó como una bofetada. El sol entraba sin pedir permiso y ambos, arrastrando los pies, se metieron a la ducha. El agua los despertó un poco, aunque las miradas cargadas de deseo seguían presentes. Se vistieron, cada uno con disimulo… como si no hubieran hecho lo que hicieron.
Al bajar a la cocina, el ambiente era pesado como el café que burbujeaba en la cafetera. La familia estaba distribuida en distintas actividades: unos desayunaban en silencio, otros hojeaban el periódico, uno ha