La música en el salón de baile del Palacio de Ciragan no pudo ocultar el estrépito del silencio que siguió al vals. Los invitados, una mezcla de la diplomacia internacional y la rancia aristocracia turca, permanecieron inmóviles, con los ojos clavados en la pareja que aún ocupaba el centro de la pista. Los flashes de los fotógrafos no daban tregua, capturando la imagen que los periódicos ya titulaban en sus mentes: "El Duelo del Acero termina en Idilio: Aras Köksal desafía a la tradición".
Fat