El sonido de la cerradura electrónica al encajarse fue como el disparo de salida. Aras no esperó a que nadie hablara. Se movió con la agilidad de un depredador que retoma su territorio, pero al girarse hacia la mesa de centro, se detuvo en seco. Sus ojos se clavaron en el desorden de mapas de Bakú, los esquemas del Corredor Medio y los perfiles de contratistas japoneses en Kazajistán.
Melani sintió un frío súbito. Había olvidado recoger la evidencia de sus planes.
Antes de que Diego pudier