El silencio dentro de la Range Rover era asfixiante, solo roto por el viento que golpeaba el chasis en lo alto del acantilado. Aras soltó finalmente el volante, pero sus manos seguían crispadas.
—"Esta es la mujer que hay sin el apellido de Austria" —repitió él. Su voz sonaba ronca, herida por la luz que ponía en evidencia cada una de sus facciones tensas—. ¿Crees que no lo sé? ¿Crees que estoy ciego ante tu inteligencia, Melani?
Se giró hacia ella. En el aeropuerto de Viena le había preg